El Desafío de la Rabassada: El SEAT 850 Especial de Anton Guasch

Octubre de 1972. El aire en la falda de la montaña del Tibidabo tiene ese aroma inconfundible a gasolina con plomo, caucho quemado y el frescor otoñal de Barcelona. Estamos en la XXVI Pujada a la Rabassada, una de las pruebas de montaña con más solera del calendario nacional. Entre los prototipos y las barquetas que rugen buscando el mejor tiempo, un pequeño coche de producción, de un vibrante color Azul Turquesa, aguarda su turno. Es el SEAT 850 Especial con matrícula B-843346, pilotado por un nombre que respira automovilismo por los cuatro costados: Anton Guasch i Castany.

 



Un Turismo de Serie en el Templo de la Velocidad

Correr en la Rabassada no era para cualquiera. Sus curvas enlazadas exigían una precisión quirúrgica y un conocimiento íntimo de las transferencias de masas. El 850 de Guasch representaba la esencia más pura de la competición de la época. Al observar sus especificaciones, comprendemos que se trataba de un vehículo encuadrado estrictamente en el Grupo 1 (Turismos de Serie). Esto significaba que, bajo el capó, latía el corazón original del modelo Especial: un motor de 843 centímetros cúbicos que, aunque modesto en cifras brutas, resultaba extremadamente ágil para lidiar con las pendientes de la sierra barcelonesa.

A diferencia de las preparaciones más extremas que se veían en los circuitos, donde los coches solían despojarse de sus defensas para evitar enganchones, este 850 mantenía sus parachoques originales. Era una exigencia de la normativa de montaña, pero también un testimonio de su cercanía con el coche de calle. Sin embargo, un detalle delataba sus intenciones competitivas: la ausencia de tapacubos. En los apoyos laterales violentos de las horquillas de la Rabassada, la flexión de las llantas de chapa era tal que los embellecedores cromados solían salir despedidos, por lo que quitarlos era una medida de seguridad pragmática.

Anatomía de una Preparación Artesanal

Profundizando en los detalles técnicos, encontramos una carrocería bañada en el emblemático Azul Turquesa de SEAT, una tonalidad vinculada al código de pintura Du Pont #419. Las modificaciones externas eran sutiles pero vitales: se instalaron cierres de seguridad de goma en ambos capós y un desconectador de corriente externo, cuya ubicación bajo el faro izquierdo se señalizaba con una flecha naranja en forma de rayo. Incluso el sistema de iluminación recibía un tratamiento específico: los faros estaban cruzados por tiras de cinta adhesiva naranja para evitar que los cristales se esparcieran por el asfalto ante cualquier impacto.

En el interior, el habitáculo se transformaba en un entorno racing, dominado por unas barras antivuelco y un pequeño extintor cromado anclado a la barra vertical derecha. Todo en este coche, desde su mecánica de serie hasta su seguridad añadida, contaba la historia de un piloto que buscaba el límite con los recursos de la época.



Patrocinio e Identidad: El Arte del Aironfix

La rotulación de este modelo es una lección de historia del marketing deportivo local. El parasol rojo frontal era un collage de marcas: "HERGONHAWK" en la izquierda y "VOLTOR" en la derecha. La matrícula estaba oculta tras un rótulo "VOLTOR" en letras negras. Es fascinante notar que cada letra se aplicaba anualmente de forma artesanal sobre Aironfix recortado.

En el lateral izquierdo, bajo el junquillo cromado, una tira de cinta naranja recorría la silueta del coche. La aleta delantera lucía el logo "VEC" (Voltor Equip Cursa) y el rótulo "SERGAL" con el dibujo de una bombilla. El dorsal #4 de Pirelli, sobre fondo amarillo circular, ocupaba el centro de la puerta. En la aleta trasera, el rótulo de "Carreras de Scalextric" se ajustaba de forma artesana sobre la moldura de la ventana trasera.

 

La Identidad Visual: El Arte del Aironfix

La rotulación de este 850 es una lección de marketing artesanal. El parasol frontal rojo era un collage de marcas: "HERGONHAWK" y "VOLTOR", representando a la escudería Voltor Equip Cursa (VEC). La matrícula original solía ocultarse bajo un adhesivo con las siglas de la escudería, enfatizando el carácter deportivo de la unidad. Bajo el junquillo cromado, una tira de cinta naranja recorría el lateral, otorgando una agresividad visual inmediata.

En la aleta delantera, el logo de VEC convivía con la publicidad de "SERGAL", identificable por su dibujo de una bombilla. Pero el sello definitivo era el dorsal: el número 4 en el círculo amarillo de Pirelli. En la parte trasera, el rótulo de "Carreras de Scalextric" se ajustaba de forma manual sobre la moldura de la ventana, un detalle que hoy vuelve locos a los coleccionistas por su especificidad en esta carrera concreta.

El Legado en la Reproducción a Escala

Cuando analizamos una versión Scalextric de este modelo, el rigor histórico cobra un sentido nuevo. No se trata solo de replicar un coche, sino de capturar un momento. La unidad de la Rabassada presenta discrepancias fascinantes con otras maquetas de Guasch, como la falta de ciertos rótulos o la ubicación exacta de la publicidad de "Talleres Arenal SA". Estos detalles son los que apasionan al experto, elevando el modelo de un simple objeto a una pieza de historia viva.

Esta reproducción a escala nos permite tocar la historia del automovilismo nacional. Es un homenaje a los mecánicos que recortaban Aironfix y a pilotos como Anton Guasch que exprimían cada centímetro cúbico en las cuestas del Tibidabo. El SEAT 850 Azul Turquesa sigue rodando, si no en el asfalto, sí en la memoria de quienes valoran el detalle y la pasión en cada curva.